Ornamento y Delito

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Hacía mucho tiempo que no escuchábamos a un grupo que recordara tantas cosas y que además tuviera un estilo tan personal. Ornamento y Delito es muy Limbo Starr: tiene la crudeza de Pal, algunas composiciones recuerdan a Nacho Vegas y algo de Chucho también hay por ahí. Pero tambíen se acercan a los herméticos principios de Sr. Chinarro, a la actitud cañí de Tarántula, al post punk de la movida de Décima Victima y al fatalismo de Úrsula. Por otro lado una voz oscura y sibilante, que más que cantar recita (y profiere cortos gruñidos), te hace cambiar de acera porque lo que dice te inquieta y te angustia aunque a su vez te fascina: “Le está llegando la edad de ser un policía, denunciará a su familia a la autoridad”, “…en la capital sólo hay putas y cocheros” o “La canción de la muerte es el único hit”… Normalmente cuando escucho a un grupo con tanta personalidad me da por utilizar el adjetivo “fresco”. Pero aquí ese calificativo no vale.  Más bien diría: Ornamento y Delito es un soplo de aire helado. 

Rompecabezas de moda y perfección moral (Limbo Starr, 2010) es el título del primer álbum oficial de Ornamento y Delito, además de su verdadera puesta de largo, ya que cuentan con tres discos-maqueta autoeditados. Grabado en los estudios Brazil por Manolo Rosvita, producido por Abel Hernández (Migala, El Hijo) y masterizado por Coque Yturriaga (Migala, Num9), cuenta con once canciones que ellos mismos definen como una mezcla de Loveless de My Bloody Valentine y London Calling de The Clash. Ecos a Joy Division, Surfin' Bichos e, incluso, Nacho Vegas. Ruido, guitarras abrasivas, ritmos marciales, punk de extraradio, post-punk, rock radikal, post-movida, iconoclastia hispana; parole, parole... 

"La policía" abre el disco con su ambiente dub y su hermética letra: la adolescencia no es rebeldía, es policía, podríamos pensar. Le sigue "Loca por ti", con sus guitarras a lo Yo la Tengo; el pico pop del disco, las relaciones viciadas y, yo que sé... "no la juzques si está loca por ti", y en realidad "está loca por ti". "Madrid"... resulta curioso que hayan tenido que llegar tres bilbaínos de la margen izquierda y juntarse con un madrileño del cinturón industrial para escribir la canción que posiblemente mejor describe ese Madrid tan real. O quizás no resulte tan curioso, pero mientras lo pensamos "pon los Ramones, ponte un tirito ahí mismo, ahí". Muy punk, muy punk; muy Primal Scream, muy Parálisis Permanente: esto es un hit, sucio; y ellos son Ornamento y Delito. Primera parte de la trilogía, que continúa con "Beñat", en Barcelona, una ciudad atractiva, europea y llena de oportunidades; ingenieros informáticos durmiendo en un colchón, pizza para cenar, con coca cola. Cantan "me han dicho que hay que ir al Razzmatazz", y a mí, no sé por qué, no se me puede quitar de la cabeza la imagen de Ian Curtis observando desde otra dimensión todo este absurdo postmodernismo de cartón piedra. Cierra esta trilogía "Gora Aste Nagusia!", y su épica nos lleva al norte; a la fiesta, a la tradición, esa que se sigue por inercia mientras el día a día te va arrancando de cuajo. "La cita"... con Sonic Youth. "Cocaína", ante un título tan descriptivo sobran las palabras, y más ante una canción taaan
bonita. The Velvet Underground tenían también una muy chula que se llamaba "Heroin". "Abraham", o la utlización de la Biblia como materia poética para moldear la lírica de una canción que nos recuerda, gracias al órgano y las guitarras con trémolo, a las Cajas de música difíciles de parar. Me gusta el sonido del metal..." parece que va a empezar a cantar cuando el "Plan de jubilación" te da en
las narices. No hay opción: debes trabajar el resto de tu vida, eso si tienes suerte. El disco encara su final con "Canción de la muerte", y ahí están, las catedrales góticas, Nick Cave y El séptimo sello de Bergman. "Me hablas de crísis, pobre infeliz, yo te estoy hablando de la muerte". Y fin, "El Madrid de los Austrias" en domingo es divino. Imposible quitarse de la cabeza esta melodía, preciosa canción agridulce.

Adorno (Limbo Sarr, 2012)

“Sé que presentándome aquí he salvado la vida a 22 personas. Pero no he venido por eso, sus vidas me tienen sin cuidado: son unos asesinos. Sé que según la ley no lo son porque yo aún estoy vivo, pero lo estoy a pesar de ellos”. Con la declaración final de Joe Wilson, el protagonista de Furia (Fritz Lang, 1936), en el juicio contra sus linchadores, arranca Adorno, el segundo álbum de Ornamento y delito para Limbo Starr.

Más crudos y viscerales que nunca, OyD presentan 16 canciones intensas y 65 generosos minutos en los que recorren un universo propio donde referentes tan aparentemente alejados entre sí como la tradición “nueva olera” española de los 80, los ecos del indie noventero más noise o los referentes más clásicos del rock, el punk y el pop, desde Roy Orbison hasta los Buzzcocks, se hacen uno.

Heterogeneidad y preciosismo en las composiciones, un sonido directo, potente, con guitarras "sónicas", contundentes y a la vez brillantes –y planeadoras-; bajos demoledores, una batería que dispara redobles cual ametralladora y una voz que pasa del susurro ultra grave al grito descarnado sin solución de continuidad. Letras brutales, sórdidas, nihilistas pero inéditos rayos de luz y esperanza según avanzamos hacia la segunda mitad de esta auténtica ópera. Y en los textos tal vez varias historias que se entrecruzan o, quizá, un solo hilo narrativo que toma como punto de partida el desencanto -“La decepción llega ya pues la cobardía es lo normal” ("Autoignorancia")-, para hundirse en el morbo y la post-moralidad (“Sentido y referencia”), descender a los abismos del amor condenado y mecanizado (“Canción de amor”) y después -¡sorpresa!- ser capaz de cambiar de perspectiva y ver cómo comedia toda esta historia de torpes romances (“María la autómata”) y re-descubrir la fuente de la que es necesario seguir bebiendo (“Escucha a las sirenas”). Y al final, al final lo que se pierde (“Lolita”) y lo que queda: “El futuro, el futuro está escrito en los libros de los seguros” (“El futuro”).

Grabado en los estudios El Cariño de Zaragoza con Edu Baos y mezclado por Alfonso Ródenas en Malibú, y para la portada sólo una imagen sin título: una austera goitibera, diabólico patinete vasco empleado en competiciones suicidas en la que los participantes descienden (“Goitik-behera”: “de arriba a abajo” en euskera) pendientes insalvables jugándose, y muchas veces perdiendo, su integridad física. Toda una alegoría para este disco, en el que Ornamento y delito sorprenden de nuevo por su capacidad compositiva, su riesgo y originalidad, al margen de modas, corrientes y traicionando toda expectativa: se la juegan y ahondan en su personalísima apuesta. Sobra honestidad.

Adorno se cierra también con otro clásico del cine, “Fresas Salvajes” de su idolatrado Ingmar Bergman y también con otro juicio, pero al contrario que en Furia, no es el protagonista el que juzga, sino el juzgado, juzgado y condenado por toda una vida de insensibilidad, de inhumanidad: “-Una obra maestra de cirugía profesor ¿Y a qué pena se me condena? ¿A qué pena? No sé, supongo que a la de siempre. ¿La de siempre? Sí: la soledad. La soledad. Claro, la soledad. ¿Y no habrá gracia para mí? No me pregunte, yo de eso no sé nada”.

Escucha "Bono es Dios y 2 canciones más

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