Ornamento y Delito - El espíritu objetivo

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Texto por Gustavo Iglesias @gusiglesiasr3 (Hoy empieza todo, Radio 3)

Ornamento y delito vuelven a darnos 11 grandes argumentos a los que vemos en ellos a una de las bandas más inteligentes y apasionantes de lo que llevamos de siglo. En un momento en el que el comentario socio-político inevitablemente ha terminado filtrándose en las propuestas de tantos y tantos músicos de este país (alimentando un perverso debate sobre la pertinencia y la enjundia de determinados mensajes, pero ese es otro asunto que no me ocupa aquí), conviene recordar que Ornamento y Delito llevan cerca de diez años practicando el noble arte de combinar música popular y materia de reflexión para quienes hayan tenido oportunidad de escucharles. En su primer álbum, ‘Relicario’ (2007), ya cantaban cosas como “Ya llega octubre…Y los muertos se levantan de sus tumbas porque Europa y el mundo se inundan”. La crisis global todavía no había explotado pero, como ahora todo el mundo sabe, las bases para su desencadenamiento estaban ya puestas y bien puestas. Con esto no pretendo decir aquello de que Ornamento y Delito sean unos visionarios o que tuviesen una bola de cristal Simplemente ilustrar que ya entonces su discurso iba más allá de coyunturas penosas o de las consecuencias de políticas de choque y ajuste. Pero ¿cuál es exactamente ese discurso?

En una de sus nuevas canciones, G.G. Quintanilla (cantante y materia gris oscuro de la banda) canta con su habitual fraseo amenazante “Todo podrido. Todo en venta. Todo lo que tocas. Todo lo vuelves mierda” Y esa mierda se extiende por tu coche, tu hospital, tu universidad, tu familia y tu grupo de rock. Ah, pero ¿entonces estamos hablando de exabruptos? Por supuesto que no: la canción se llama ‘Laissez faire’, como el célebre lema acuñado en el siglo XVII para definir y glorificar el liberalismo económico y el gobierno del capital. Está claro quién es el verdadero y mayor “enemigo” para Ornamento y Delito y no viene de más identificarlo. A él y a sus discípulos: los políticos y los mass media que cargan aún con más virulencia que la policía contra las manifestaciones ciudadanas (“Cáncer vial”, “Turba descontrolada”, “Masa criminal”, “Vagos e irresponsables”) en la ya conocida ‘Carnaval armado’; el honorable miembro de la vieja clase dominante (“Casto y macho a la vez. Progreso y tradición”, “Os marcháis dejando bien alto el pabellón”) en ‘El hunidmiento’; o el desahogado yuppie de los 80 que aceleró el proceso de degeneración social en ‘Los fantasmas del Windsor’ (“La utopía de la libertad. Sociedad de riesgo y sin sida. Las ciudades eran de cristal y las reglas de adrenalina”). En definitiva, una técnica de confrontación al servicio no sé si de la más eficaz pero, desde luego, la más poderosa e impactante manera de hacer canción política en que pueda pensar en estos tiempos desmoralizados.

Pero esperen un momento, aún hay más: ‘El espíritu objetivo’ no es solo un disco político. No, a menos que no consideremos nuestras propias vidas, opiniones, sentimientos y emociones como protagonistas más o menos principales de este “gran teatro del mundo” en el que nos ha tocado actuar. La mirada interior al desarraigo del emigrante (esos vascos de los que nos hablan, sin duda refiriéndose a sí mismos, en ‘Hidalguía universal’), esa mujer que se casa sin amor, simplemente “¿por qué no?”, y ahora se resigna ante las consecuencias en ‘Siamés’, la familia que decidió condenarse a sí misma a un anodino exilio suburbial en ‘Pioneros’, el hombre entregado a la vida noctámbula y a la “ruina moral” en ‘El fin de las ideologías’ o esa generación de jóvenes cuya derrota vital se escenifica en el regreso forzado a la casa de los padres en ‘Zona Algo Más’.

Por supuesto nada de esto es suficiente cuando de lo que hablamos es de un disco. Pero es tal “la pertinencia y la enjundia” de sus letras que casi da rabia tener que empezar a hablar de su música en el cuarto párrafo. Sobre todo cuando esa música es la representación más depurada y efectiva de un grupo que, como ya demostró sobradamente en sus anteriores ‘Rompecabezas de moda y perfección moral’ (2010) y el enorme ‘Adorno’ (2011), no solo hace grandes letras sino también grandes canciones. Llama la atención la profusión de teclados y el sesgo pop de la mayoría de los temas, cualidades que conectan el sonido de Ornamento y Delito, si cabe más directamente que antes, con sus referentes post-punk de comienzos-mediados de los 80. Colabora a ello la producción de Iñaki Llarena que da brillo y esplendor a las guitarras de Roberto Berlanga, el bajo de Ricardo González Paunero (miembro original del grupo que regresa tras la marcha de Pepe Alhambra) y sobre todo a la batería de David Talbaila que resuena con más autoridad y poderío que nunca. De los 11 cortes del álbum, convencen a la primera la trepidación de “Carnaval armado”, la causticidad de ‘Laissez faire’ y la épica oscura de ‘Siamés’, mientras que un tema quizá menos inmediato como ‘Zona Algo Más’ reclama a cada escucha, por profundidad y emotividad, una posición totémica en el disco y en el repertorio de la banda.

Capítulo aparte para ‘Radio’, canción ubicada estratégicamente en mitad del disco. Se trata de un rescate de su segundo álbum, ‘O+D’ (2008) en cuya letra original el diario publicaba “raza y patria”, mientras que el transistor escupía “doctrina y estupor”. En la forma en que se nos presenta ahora, el “Diario” se asocia con “J, Luque y Alfaro” y en ese mismo transistor “hoy suena tu canción”. ‘Radio’ es un intermedio luminoso y optimista, un canto de cariño a la música y a la “gloria de la radio” (sin aparentes dobles lecturas), un hit potencial con mayúsculas que te hace pensar a la vez en el ‘Heroes’ de Bowie, el ‘Just can’t get enough’ de Depeche Mode y el ‘Bizarre love triangle’ de New Order. Suena casi a concesión (y no descarto que lo sea), pero a quién le importa algo así, pudiendo disfrutar con una canción tan maravillosa

Evitaré vaticinar si (como creo) ‘El espíritu objetivo’ podría ayudar a que definitivamente Ornamento y delito reciban la atención y alcancen la repercusión que merecen. Pienso que con ello saldríamos ganando todos los que amamos la música y los que pensamos que la vida es algo que merece ser vivido consciente y apasionadamente e incluso espero que así ocurra. No tanto por mí o por ellos, sino porque sinceramente opino que el mundo es un lugar mucho más interesante gracias a sus canciones y porque (este disco me ratifica en esa idea), llegado el caso, entre la espada y la pared, Ornamento y delito es ahora “la única banda que importa”.